Divagaciones dosmiltrecetísticas

El diseño de la naturaleza está regido por el concepto de lo circular. Esto quiere decir que la actividad y evolución de cualquier cuerpo u organismo complejo (desde animales hasta planetas) responde a un formato cíclico.

Los seres humanos funcionamos en base a ciclos (el de la vida, el ciclo menstrual, los ciclos escolares). Y en la cultura occidental, hay dos momentos que son especialmente significativos  como inicio de ciclos nuevos: los cumpleaños y el fin del año en el calendario gregoriano. Ya sabían por donde venía con todo este cuento. El artículo obligado sobre las perspectivas para el 2013.

Hasta donde llega mi conocimiento, han sido los judíos quienes se han destacado en esto de dotar de formalidad y espiritualidad el inicio y fin de año. Ellos celebran el Yamim Noraim, que tiene una duración de 10 días a los que se conoce como días de arrepentimiento. En internet se puede encontrar una red social llamada 10 questions que se activa durante el Yom Kippur (o fin de año judío, en septiembre) y que consiste en responder 10 preguntas sobre el año que ha pasado y sobre las expectativas de futuro. Cada año puedes revisar tus repuestas anteriores y monitorear tu progreso. Nada de olvidar que prometiste caminar 20 minutos diarios, rebajar 10 kilos o sacar 19 en matemáticas, los judíos van en serio.

Por lo general la idea del fin de un ciclo y el comienzo del otro viene dotada de un aire de renovación, concepto que es además universal y cotidiano. Desde niños, cada semana es un ciclo que termina con la recompensa del descanso dominical y la renovación del ánimo para enfrentarse a los retos educativos de los siguientes 5 días.

Distintas expresiones modernas marcan la comprensión por etapas del funcionamiento de nuestras vidas. Si acabamos una tarea a las 3:50 esperamos a que el reloj dé las 4:00 y así iniciar la siguiente -o quizás eso solo lo hacemos los vagos.

Damos importancia a cada pauta de cambio mediante ceremonias celebratorias tradicionales que marcan el inicio de lo nuevo: cumpleaños, matrimonio, ritos de iniciación. Incluso eventos que, lejos de ser tradicionales, pertenecen a la vida moderna, requieren alguna pauta con la cual admitir que se inicia una nueva etapa: salimos de copas si una amiga se divorcia o si obtenemos un nuevo puesto en el trabajo, no nos bañamos los domingos como último acto de rebeldía antes de sucumbir a la rutina autoimpuesta de los lunes.

Antes de continuar debo argumentar por qué los ciclos tienen efectivamente un aire renovador. Para ello es necesario contraponer la visión cíclica frente a la lineal.

Si se pudiese concebir un mundo absolutamente lineal, sería uno donde no existiesen las pausas y retornos; un universo atropellado con planetas y personas yendo siempre hacia adelante, con poca revisión del pasado, con inexistentes repeticiones.

La comprensión lineal del mundo solo permitiría regirnos por relaciones de una causa- un efecto (hago A y sucede B y luego C… hasta el final) sin prácticamente experimentación ni resultados contrapuestos.

Por el contrario un mundo sin linealidad sería como el Tlön, Uqbar, Orbis Tertius que imaginó Borges en su libro Ficciones. Tlön, Uqbar es un planeta que no se rige por relaciones de causa-consecuencia. Para sus habitantes  el hecho de que A provoque B, es incomprensible. Si dejan un billete sobre la mesa y el billete permanece ahí, que feliz coincidencia. Si ha desaparecido, sencillamente se debe a que dejaron de pensar en él. La idea de que alguien debió haberlo tomado no tiene en Tlön ningún sentido. No existe la linealidad. La idea es complicada, pero yo recomiendo el libro.

Es la combinación de linealidad -que permite la evolución- con la circularidad  -que permite la renovación- lo que da a nuestro universo la pauta para su funcionamiento. Vivimos en un mundo que funciona perfectamente, no porque las cosas vayan bien, sino porque responde a nuestras acciones a la vez que nos permite evaluar, retomar y modificar las consecuencias.

Mi humilde recomendación es que para el año 2013 tomen en cuenta estas pautas de funcionamiento y realicen una lista de deseos más elaborada. Incluyan objetivos, estrategias y monitoreo. No sé si rebajar 10 kilos en un año funcione. Es más práctico plantear perder dos, mediante un plan de ejercicios, para abril, monitorear el progreso y colocar una nueva meta a raíz de los resultados. Un trabajo mucho más continuado y exigente.

Debemos aprender a valernos de la habilidad más importante que nos dota la combinación de ciclos y líneas: la manipulación de los resultados. En un universo lineal solo tienes la causa y un único resultado, en uno circular tienes la ocurrencia de eventos en completo desorden. Nosotros podemos monitorear que nos funciona, combinar estrategias, evaluar y reevaluar. Hacer ensayo y error. Dividir los grandes ciclos en pequeñas etapas. Organizarnos y ser proactivos.

Por mi parte, en este año se cumplirá la mitad del período de construcción de mi tesis doctoral. Al llegar mayo me toca evaluar lo que he logrado, calcular cuánto me falta y montarme en unos patines o no acabo en los próximos dos años. Pero confío en que tanto la circularidad como la causalidad estarán de mi parte. Renovaré, evolucionaré, aprenderé y terminaré.

Yo lo intento y por ahí a mitad del año, les hago saber que tal me fue.

Ah, y por favor este año recuerda las formulitas: piensa antes de hablar; come, reza, ama; lee, comenta, comparte.

Flojera invertebrada

“Para encender una vela hace falta a lo menos que la vela esté apagada”. De las 84 páginas que componen la edición de España Invertebrada de Ortega y Gasset que sostengo en mis manos, esta frase, que se encuentra en la página 49, es una de las que más ha llamado mi atención.

La vela necesita fuego. Las acciones humanas, ideales. Pero no vivimos en una época de idealistas. En nuestra sociedad la ambición por el bienestar social ha tomado el cariz de lo ridículo, de lo irrisorio.

Si esperas políticos honestos, eres una ilusa. Si esperas una iglesia que reflexione, eres un infiel. Y si quieres una economía justa, sencillamente eres nuevo por aquí. Si exiges eres un idealista, y la nuestra no es una sociedad de idealistas.

Reevaluemos por un momento los discursos que nos rigen. Nuestro presidente enaltece las virtudes de la pobreza; es maravilloso vivir en los arrabales. Nuestros creyentes recomiendan no meterse en cuestiones de teología. Nuestros jóvenes (aunque no todos, en estos si tengo esperanza) denigran la lectura y otras ñoñerías. Se valora la ignorancia. Las faltas gramaticales al hablar son el chiste del día, y denigrar del propio país es el deporte nacional.

¿Qué somos: cínicos o perezosos? El resultado es de cualquier manera el mismo: nos ahogamos en la autoindulgencia y sin embargo seguimos adelante y, algunos, hasta nos implicamos en causas nobles. Votamos, apadrinamos un niño y ayudamos a la vecina con las bolsas del mercado. Somos buenos. Y acabaríamos con el hambre del mundo, siempre y cuando no haya que despertarse el sábado por la mañana para hacerlo.

Pero hasta eso haríamos si consiguiésemos algo que importarse lo suficiente. Tenemos a nuestro alrededor demasiadas de estas cuestiones importantes. Pero hemos votado, alimentado y dejado de dormir tantas veces sin resultados positivos que ya no vale la pena.

Lo que sucede es que a alguien se le olvidó darnos un dato: los ideales son, por definición, inalcanzables. La desilusión es tan parte de la lucha como la espada. Y sin embargo, nada puede hacerse sin ideales que potencien nuestras acciones. He aquí la cuestión: no son alcanzables, pero son infinitamente aproximables.

La libertad, igualdad y la fraternidad,  la compasión, el respeto por la vida y la integridad. Los ideales son el combustible que permite arriesgar la vida, el sueño y la alimentación por una causa mayor. No son los sueños, son los ideales. No es la casa con piscina y Brad Pitt incluido, sino la creencia en que el trabajo duro es recompensado.

Para sumar a esto, algún vendedor interesado nos dio en oferta la idea de que eramos libres para hacer lo que quisiéramos  Esto no es exactamente cierto. No somos libres para hacer lo que queremos, somos libres para hacer lo que debemos. Si nos provoca acostarnos con el novio de la vecina, debemos recordar que no somos libres para hacer lo que nos da la gana sino para escoger lo que es más sano, moral y conveniente. Discúlpame si esta revelación arruina tus planes de esta noche.

Y es que ningún deber cumplido por obligación tiene el valor del que se cumple porque se acepta libremente la tarea. Somos libres para darnos cuenta de las necesidades sociales y para suplirlas.

Es fácil ver como una sociedad cuyos individuos se rigiesen por códigos de honor fomentaría la seguridad y la confianza. Desde luego, para que las cosas funcionasen así habría que agregar la regla de oro: “haz a los demás lo que te gusta que te hagan a ti”. Y fomentar la reciprocidad: “ojo por ojo”, no en el sentido de la venganza, sino de la justicia.

Una sociedad tal es inalcanzable, pero también es infinitamente aproximable. La aproximación depende del esfuerzo que se haga.

Yo reivindico que no somos flojos, no somos cínicos. Lo que parece pereza es una máscara tras la que se esconde una profunda carencia. No comprendemos el por qué de nuestros deberes, no nos hemos apropiado de nuestras responsabilidades. Si lo hiciéramos seríamos unos cohetes, pero sencillamente carecemos de las ideas con los cuales dar fuego a nuestras acciones.

Es más fácil levantarse temprano por la mañana o dejar de salir con tu novio si se hace por una idea de bondad o por el bienestar de un hijo y no porque es una obligación que infringe sobre nosotros la terrible sociedad. Entonces, no es solo que no hayamos encendido la vela que imaginó Ortega y Gasset. No nos hemos dado ni tan siquiera cuenta de que está apagada.

En nosotros mismos están las capacidades, en la historia están la ideas y en nuestras comunidades están las razones. Nos falta unir estas tres cosas para que nuestros sacrificios cobren sentido.

Racismo circular

Hace poco fue noticia un suceso acontecido en Uruguay. El crimen perpetuado contra Tania Ramírez ha llegado a las páginas internacionales. El apoyo a Tania ha sido unánime. Pero, algún comentario que he escuchado dirigido a las agresoras me ha dejado un mal sabor: la reafirmación de irreprochable igualdad en condición y derechos de Tania se realizaba mediante la etiquetación de las criminales como bestias.

Por un lado, el racismo es un mal que ha acompañado a la humanidad lo mismo que la gripe. Y por ese mismo lado, los juicios de valor son prueba de una habilidad funcional llevada a un extremo insano. Las lecturas sociales son útiles para determinar las conductas apropiadas. Golpear a un chino por un taxi no es nunca una conducta apropiada. Concluir que ese inmigrante de Asia del este es inferior a ti (o tú a él) es necesariamente falso bajo cualquier definición justa de nuestra especie.

Si llevamos al extremo la lógica del racismo, el sistema quedaría en algo como lo que sigue: Una civilización, basada en X sistema de juicio, comprueba su superioridad y por ende intenta imponerse, menoscabando a otro grupo humano. Al ejercer ese poder, maltratan y menosprecian a la raza que consideran inferior, cometiendo crímenes atroces. Conviértense en una civilización abominable. El pueblo dominado o un tercer pueblo, pasan a considerarlos “bárbaros” y así, afirman su superioridad frente a estos inhumanos. La rueda comienza a girar.

Para no ser radicales, reconozcamos que hay pueblos a los que vale la pena admirar. Un ejemplo: ¿Quiénes tienen un escenario político en el que dos partidos de centro derecha y centro izquierda se intercalan el poder? Los ingleses; ¿Quiénes conservaron la física newtoniana sin despojarla de su metafísica? Los ingleses; ¿Quienes tienen a los Beatles? los ingleses; ¿Quiénes mantienen la calma y siguen adelante? Los ingleses; ¿Quienes tienen fama de ser respetuosos y cordiales? Los canadienses.

Eso es una cosa, y otra diferente es subscribir tesis de inferioridad de un grupo humano frente a otro. Para poner un ejemplo, cierto filósofo concluía por 1920 la inferioridad de los españoles, cómo herencia de sus antepasados visigodos. Inferioridad que era tal por contraposición a la superioridad de los otros pueblos germanos.  Si,  los germanos… los mismos que entre 1941 y 1945 co-protagonizaron uno de los episodios más tristes de la humanidad, el Holocausto. Al finalizar la segunda guerra mundial, algunos periodistas y comentaristas norteamericanos tildaron a los alemanes de inhumanidad. Inhumanidad es una palabra solamente apropiada para referirse a algo propiamente no humano, porque en nuestra especie la condición de humano es inalienable.

Con esto, sencillamente intento ejemplificar como una lectura social empírica (una disfuncionalidad relativa a un grupo humano dado) se transforma ante nuestros ojos en una teoría desechable y desdeñable (el carácter de inferioridad de ese grupo). Para salir de lo racial pongamos brevemente el ejemplo con las mujeres, que vetadas de recibir educación de calidad, eran tachadas de ser incapaces de ser seres educados. La constatación empírica era cierta: las mujeres estaban poco educadas, eran analfabetas. La conclusión sobre su inferioridad, no lo era.

De forma similar, personas que concluyen su superioridad frente a otras, digamos -como fue el caso- que tres mujeres blancas golpean a una negra en una pelea por un taxi, deshumanizan (a sus ojos) a la víctima pero, con ello se vuelven víctimas de la deshumanización que han realizado. Se convierten en criminales. Y, ante los ojos del público, en demipersonas.

El público, si hace este juicio, pasa a formar parte del sistema. La imagen de los espectadores bestiales como masa subinteligente. Cómo dominós en fila, vamos cayendo uno a uno. El sistema reclama que todos tachemos la acción o condición del otro con ímpetu. Pero el sistema no reclama que los deshumancemos. Eso corre por nuestra cuenta.

La cadena se detiene frente a quien se rehúsa a tratar de bestia subhumana al perpetuador del crimen o frente a quien retorna a su condición de persona mediante el ejercicio de sus responsabilidades sociales, es decir, quien acciona el restablecimiento del sistema de valores (fraternidad, igualdad, libertad… perdón, misericordia). Porque finalmente, el crimen solo es reprochable a partir de la corroboración de la condición humana del perpetuador. Los perros no van a la cárcel.

Homosexualidad: la cosa es cuándo

El inventor de la teoría cuántica, Max Planck, tiene una frase célebre que a mí me gusta por lo acertado de su contenido: “Una nueva verdad científica no suele imponerse convenciendo a sus oponentes sino más bien porque sus oponentes desaparecen paulatinamente y (son sustituidos por) una nueva generación familiarizada desde el principio con la (nueva) verdad”. Otros han transmitido esta frase como “La verdad nunca triunfa, simplemente sus oponentes se van muriendo”.

El hecho sigue siendo que la verdad tiene una gran capacidad de supervivencia. Esto quizás porque tiene una forma efectiva de reproducirse, transmitiéndose rápidamente entre las personas hasta que acaba por hacerse común, y por común, se hace norma. Desde luego, esta interpretación requiere que partamos del principio de que los seres humanos sabemos reconocer las verdades y valorarlas. Es decir, necesariamente hay que abogar por una concepción de la humanidad cómo positiva. Por un ser humano intrínsecamente bueno y no por un ser humano intrínsecamente neutro o malo.

Qué las personas somos intrínsecamente buenas es algo que yo particularmente creo, y como pruebas ofrezco el progreso y el paulatino perfeccionamiento de la raza humana, lo cual parece ser un hecho. Nosotros somos la civilización más pacífica que ha existido. Si no lo creen miren los libros de historia. Es cierto que no somos pacíficos, pero nuestras formas actuales atestiguan una transformación paulatina hacia la paz. El progreso científico es otro buen ejemplo, es verdad que muchos han conducido experimentos poco éticos, pero si miramos el total de experimentos, es mayor la cantidad de ellos que tienen que ver con salvar y mejorar la calidad de vida que con destruirla. El ser humano progresa y el ser humano mejora, al menos háganse a la idea hipotéticamente para yo hacer mi punto.

La introducción anterior tiene poco que ver con el tema que traigo a colación. Los homosexuales en nuestra sociedad. Es un tema preocupante. Sobre todo en vista de los recientes ataques a individuos homosexuales perpetuados en un par de ciudades del país. Me parece que veo en estos ataques la influencia de discursos que se manejan desde algunas familias y líderes religiosos. No digo que esa sea toda la causa, pues me parece que principalmente hay un problema en la manera en que se razona el tema de la homosexualidad y no todos parecen concluir que no puede condenarse a una persona por algo que no escogió propiamente.

Algunas denominaciones llegaron a esta conclusión, aunque tarde, después de que varios de sus laicos llegaran a ella y cuando parte del mal ya estaba hecho. De todos modos, parece que muchos de sus seguidores no se han enterado de la pauta. Reafirmo lo del problema de razonamiento pues parece que se habla sin pensar y peor, se concluye sin reflexionar. Es un problema de razonamiento, porque me parece que la línea de pensamiento de quienes perpetuaron esos crímenes era como sigue: ser homosexual es una aberración despreciable. Quemar a una persona, en cambio, tiene total sentido. Que existan estos individuos prueba mi primer punto, el hombre es intrínsecamente bueno y estos casos son las excepciones forzosas.

Varias reivindicaciones sociales se me asemejan a la de la homosexualidad. Las de los negros en las tres Américas, la de las parejas interraciales en EEUU, la de las feministas en lo laboral, la de la ordenación de las mujeres en las religiones protestantes. Todos estos grupos han ganado espacios y logrado implantar leyes que les hagan justicia. No obstante sus luchan están aún vivas y la visión de paridad que proponían no ha terminado de establecerse. Todavía el sexismo y el racismo no han muerto. Pero es cierto que todos damos por hecho que la igualdad y fraternidad prevalecerán y la cosa es cuando.

De la historia, yo concluyo que también los homosexuales encontraran sus lugares dentro de nuestras sociedades. Creo que el proceso será para ellos especialmente lento, y quizás yo no llegue a ver como resuelven el complejo escenario que tienen ahora en frente y lo redecoran (válgameseme el chistesito estereotípico). Llegará un día en que los discursos del tipo: la homosexualidad es una enfermedad, una aberración o una amenaza para la paz, serán juzgados por nuestros nietos y casi puedo escucharlos etiquetar esas afirmaciones de irracionales mientras que concluyen que nosotros, sus antepasados de inicios del milenio: “éramos unos violentos”. Mientras piensan ser una sociedad mucho más pacífica y comprensiva.

Aunque tampoco ellos conseguirán la meta de la buena sociedad (la digna, la libre, la de mi cabeza), “si Dios quiere”, estarán más cerca, serán más racionales, mejor educados, más consientes del daño que la especie humana puede hacer a sus miembros más reprimidos y ellos sabrán prevenirlos mejor. ¿Cuáles serán entonces sus reivindicaciones? ¿Nos parecerán a nosotros descabelladas? ¿Quién falta en el mundo por reafirmar su derecho a estar vivo después de los homosexuales? Pero la cosa no es solo el qué. Repito, la cosa es el cuándo. ¿Cuándo se reafirmará el derecho de todos a vivir sin ser tachados de ser una amenaza a la paz, sin ser quemados por los radicales, sin prohibiciones de cumplir lo que a otros no les está negado?

Los neopopulismos latinoamericanos. Caso Venezuela= un entrenamiento en incredulidad.

El término ‘neopopulismo latinoamericano’ no es cosa mía, es un robo terminológico del cual soy la perpetuadora y cuya víctima es el intelectual argentino Juan José Sebrelli, a quién se lo escuché en una entrevista a propósito de las relaciones Hugo-Cristina-(Barcelona).  Lo que planeo hacer en estas breves líneas es exponer como los neopopulismos LA juegan con los sentimientos de sus fieles opositores y nos someten a un constante “te creo, no te creo, te creo, no te creo”. No se alarmen, en este breve artículo no planeo hacer un análisis político-sociológico del gobierno venezolano y del curso que económica e ideológicamente ha de seguir durante este periodo presidencial, predicciones incluidas. Esto es en cambio un Mea Culpa público, un momento de confesión frente a mis prójimos (ejem, los lectores).

¿Se acuerdan que hace un poco más de un año tuvimos las primeras noticias sobre la enfermedad del presidente Chavez? Yo fui una de esas personas que creyó que era (inserte voz de aló ciudadano aquí) una mentira más. Fui una crédula como cuando pensé que Capriles ganaría las elecciones (inserte cara de Érica tipo 11 aquí). Y ayer, durante las elecciones de gobernador pensé que Táchira y Mérida eran cosa segura. Es más, cuando vimos los resultados de las presidenciales mi madre no comprendía por qué a los gochos se les llamaba brutos…. Son los venezolanos más inteligentes del mundo.

La primera pieza del rompecabezas de la incredulidad fue la escena ocurrida durante la visita del para entonces presidente de China, durante la cual Chávez sacó una perinola y comenzó a jugar -irrespetando las normas más básicas de comportamiento diplomático-. De ahí, en picada. Puedo mencionar los comentarios de corte sexual sobre su entonces esposa y su hija; la declaración del día de júbilo por los diez años de su intento de golpe de estado; el despido colectivo de trabajadores petroleros con un pito; y, desde luego, la reelección indefinida.

Estos hechos fueron el entrenamiento para que al llegar al punto en que se anunció el cáncer del presidente y, por otro lado, se sugirió la idea de que esto sería una estrategia política, lo segundo era perfectamente creíble y por lo tanto, lo primero, no. Hoy me doy cuenta que a este hombre le pasa algo. ¿Qué que le pasa? No sé, pues aquí no hemos tenido el primer parte médico.  De lo que me ofrecen como posibles explicaciones, me atrevo a creer cualquier cosa.

Hubiese creído que Capriles y Henri no ganaban sus gobernaciones y me costó creer que lo hicieron. Me cuesta creer que Barinas se perdió por cómo 40 votes (quiero decir, por menos de lo que yo esperaba). Me cuesta creer que Fidel Castro se va a morir algún día, como el resto de nosotros y que Chavez no llegará al 2021, pero también me cuesta creer que llegará.

¿Qué por qué se maneja así nuestra política? sucede que los populismos no respetan las leyes impuestas por la razón y la sensatez. Responden a una sola fórmula: Besar niños y abrazar viejitas. Y fingir que todo está bien. Los populistas son como las malas de la novela: sonríe y asiente, sonríe y asiente. No importan los ideales y no importan las consecuencias, importan los votos.

Desde luego a todos los políticos les importan los votos, pero para los populistas son lo único que importa y como un asfixiado buscando aire: se obtienen a costa de lo que sea. Cómo no creen en ninguna ideología, no les importa sacrificar sus ideales.

Necesitamos devolverle la sensatez a la política. Si pudieron los alemanes, ¿Por qué no nosotros? Es por ello, señores y señoras, que confieso ¡y en latín! Mi fórmula para enfrentarme a la política venezolana, ahora más que nunca: de omnibus dubitatum est (hay que dudar de todo), someter todo a la razón. Se viene un 2013 muy interesante en política. Así que ya lo saben: de omnibus du-bi-ta-tum.

Solo, solícito, sabio y secreto. Bueno, bonito y barato

¿Cómo ha cambiado la caracterización de lo deseado? Y ¿cuáles son las paradojas que nuestra cultura –individualista, materialista, alienante y blah blah- impone en las relaciones de pareja? Solo, solícito, sabio y secreto era  una fórmula poética utilizada en la edad de oro para describir al ser amado perfecto. Desde luego, todos estamos enterados de los cambios que de la edad de oro (S. XVI) a este tiempo ha sufrido el término de lo moral y la expresión de estos cambios en las relaciones de pareja. La revolución sexual que hizo las veces de tratamiento preventivo contra la histeria y el puritanismo nos ha legado un nuevo status quo.

A nosotros, ciudadanos modernos bajo el lema de la flexibilidad y la apertura, del “todo vale” (que realmente significa que muchas cosas valen) nos ha llegado la hora de someternos a un pequeño examen de conciencia. Realmente hemos ampliado nuestra visión sobre lo que constituye un comportamiento aceptado o aceptable o sencillamente hemos cambiado de lugar el foco y con ello, hemos dejado de enfocar toda una gama de opciones que solían ser las que la sociedad de antaño favorecía.

He aquí la anécdota que clarificará mi preocupación: me encontraba recientemente en una charla sobre sexualidad para alumnos que ingresan a la universidad. En la charla el orador se esforzó por hacer comprender a su público que el sexo, la masturbación, la exploración del propio cuerpo son actos naturales, sanos y (desde un punto de vista científico) deseables. La charla desde luego incluía los métodos de protección y anticonceptivos a disposición de los estudiantes. La charla fue una buena, pero incompleta. Parecía haber dado por hecho que los adolescentes que entran a la universidad (y quienes en muchos casos están justificadamente salvos de acoplarse a las otras comunes responsabilidades de la vida adulta) se introducirán en el muy adulto ámbito de la práctica del sexo (y la asunción de responsabilidades que conlleva). Efectivamente será así en muchos casos, pero algunos estudios demuestran que los universitarios no están teniendo tanto sexo como se piensa, en cambio muchos alardean sobre hacerlo porque obtienen algún tipo de recompensa social.

La consigna desde muchos discursos que buscan noblemente establecer espacios de apertura y comprensión suele ser: abstinencia down! Las consecuencias que se me ocurren pueden derivar de este mensaje -y parece que esas son las consecuencias, pues pueden observarse en cómo se construyen hoy las relaciones de pareja- tienen que ver con la percepción de que si alguien te atrae y no hay ninguna razón (enfermedad, mejor amiga enamorada) que se interponga, no debes tu mismo oponer resistencia (es decir el bonito, bueno y barato; en ese orden).

¿Qué ha sido del “poner las cosas difíciles”, del sexo por amor (puppy love no aplica), de la relación sólida de pareja antes de, del matrimonio, del esperar hasta? Creo que siguen siendo ideas igualmente válidas y cualquier persona que pretenda tener una visión realmente abierta y flexible sobre sexualidad y su expresión, debería incorporarlas.

Eran verdaderas historias de horror aquellas de mujeres adultas que no hubiesen podido describir su propio cuerpo desnudo, de quienes se pasaban noches sin dormir porque un acto masturbatorio podía condenarte al caldero. Un encuentro sexual prematrimonial ya era la bomba…. eras sucio y malo.

Son igualmente historias terroríficas las de adolescentes que utilizan su cuerpo como moneda de cambio. Si eres chica para agradarle a ellos y si eres chico porque decir que no y la muerte social son todo uno.

Una sociedad producto de verdadero progreso sería aquella que reconoce que en cada decisión van inmersas las complejas dinámicas de libertad humana, que incluyen desarrollo personal y autoconocimiento en la vanguardia.

En la sociedad de mi cabeza el mojigato de los veintes en fila y el que es un poco más ligerillo han llegado ambos a su conducta sexual mediante el proceso de libre elección. Ninguno ha sido coartado (aunque si informado) por lo que sus padres, su iglesia, sus compañeros de curso, sus temores, o Barack Obama (en la sociedad de mi cabeza Chavez ya perdió) quieren que escoja. Ambas decisiones son por tanto, igualmente válidas.

El solo, solícito, sabio es muy preferible a aquello de barato. Mojigatos del mundo: UNITE!… Si tu realmente has escogido la carrera de puritano, que nadie se atreva a tacharte de anticuado. El hecho de haber escogido es lo único propiamente moderno.

Sin feminismo, sin fundamentalismo y sin bastardos misóginos

Recientemente atravesé una crisis de fe. ¿Les ha sucedido alguna vez? No voy a entrar a discutir posiciones frente a la estructura de la iglesia, a sus enseñanzas poco pragmáticas y a la continuación de modelos de relaciones intergénero que perpetúan la desvalorización que antaño sufría la mujer. Digo antaño, porque todos sabemos que hoy en día rara vez es víctima del tan condenado machismo.

Por supuesto, cuando me surgieron estas preguntas comencé inmediatamente un “googleo” a por las respuestas. Poco puede conocerse sobre la posición de la iglesia en el mundo sin salir del paradigma que nos ha construido. Es necesaria una mirada imparcial a la historia. Ni fue la iglesia culpable de que el mundo se sumiera en la ignorancia que caracterizó a la oscura edad media ni fue ella quién facilitó el establecimiento de la democracia.

Al iniciar mi búsqueda di con el que sería mi principal motor, el lugar a donde va a morir lo bonito -si alguna vez existió (y yo creo que si)-  de la religión católica, el portal basura de los portales basura, el mejor testigo del fundamentalismo norteamericano: el pewsitter.com. Periódico en línea que se ha dado a la misión de promover desde el retorno de la misa en latín hasta la perpetuación del verdadero lugar de la mujer, su casa, cómo único ámbito de inclusión posible. De sus muy críticos escritores puedes escuchar denigrar todo lo que la modernidad nos ha legado, pero jamás ¡Dios lo prohíba! Una palabra en contra de alguna acción del Papa o de un obispo. Las monjas son otra cosa, ¡las monjas que aguanten caña!

 Desde luego esto tiene que ver con la lucha tácita entre dos grupos que se identifican fácilmente en otras partes del mundo, pero que en Latinoamérica no han tenido mucha cabida: los católicos conservadores y los católicos liberales. Los liberales son aquellos que preferirían posturas a favor del control de natalidad, en contra de la pena de muerte y que podrían seguir subsistiendo si la misa del domingo la oficiase una mujer. Los conservadores, no.

 La posición de la iglesia frente a las mujeres ha sido clave en la prosecución de mis argumentos en contra de la jerarquía vaticana. No me malinterpreten, como muchos lamento los casos de violaciones infantiles. No el escándalo de pedofilia, sino los casos de pedofilia. Pero realmente la iglesia al menos se ha preocupado por dar respuestas (tengo mis opiniones sobre estas respuestas). Pero ¿Y las mujeres?… sencillamente no y caso cerrado. El argumento: las mujeres están llamadas a servir a Dios de otra forma, que no es en el púlpito evangelizando a los feligreses.

 Lo acepto, y puedo sentir las maldiciones que alguna feminista me envía desde su monitor, pero lo acepto. Curas no, entonces ¿qué? Jesús no escogió mujeres (cuestiones del contexto; ninguna quiso acompañarlo; el no abogaba por la igualdad de género; aquello hubiese sido un arroz con mango con Pedro, Pablo y las mujeres; si eligió mujeres como María Magdalena… No era el mesías). Tampoco estableció la existencia de los cardenales, obispos y arzobispos que hoy integran la estructura que espiritualmente nos gobierna.  Esas se crearon por necesidad. La iglesia se expandía, el elemento burocrático era necesario o si no Europa sería aún hoy el criadero de paganismos, sincretismos y creencias desatinadas que fue hasta antes de la expansión del cristianismo.

El cristianismo le dio a Europa una razón para cooperar y progresar y la iglesia fue la ventana por la que se filtró hasta hoy el conocimiento de los grandes sabios anteriores y posteriores a su establecimiento. Sin la iglesia, las guerras y las pestes hubiesen arratonado la creación intelectual. La iglesia católica fue inclusiva y flexible en su aceptación de la creación artística e intelectual.

 Hoy siento una gran necesidad por un vaticano de miras más anchi-largas, lo que solo puede ocurrir mediante la inclusión de una mayor y mejor diversidad dentro de las filas de quienes se establecen como guías espirituales. El vaticano está obligado a incluir la visión femenina, pues las mujeres han hecho un excelente trabajo colaborando para perpetuar la religión (cómo mínimo obligando a sus maridos e hijos a asistir a la iglesia y armando drama cuando sus hijas deciden casarse solo por civil). Está obligado porque mujeres como éstas cada vez son más escasas y es suficientemente buena razón que “los representantes no te representan”; ese anciano hombre blanco no tiene nada que ver contigo, no sabe como piensas y difícilmente puede ponerse en tu lugar, ustedes dos viven en mundos diferentes. Algunos religiosos lo han entendido muy bien, pero han hecho poco por comunicarlo a sus superiores.

¿Que las mujeres están llamadas a servir no como los hombres sino al lado de los hombres? ¿Dónde están las estructuras que lo permitan? Hoy en día las mujeres sirven debajo de los hombres. Si no puede incluírsenos en las estructuras existentes, unas nuevas deben ser creadas. Y rápidamente. Al lado del Papa y sus obispos, teólogas y religiosas con igual poder para reconocer los caminos. Un Dios que no deseaba que tuviésemos igual poder para opinar nos ha concedido igual capacidad. Si me preguntan que por qué las mujeres como yo hemos abandonado la iglesia, les responderé: ¿Y dónde estaban nuestros espacios?