Homosexualidad: la cosa es cuándo

El inventor de la teoría cuántica, Max Planck, tiene una frase célebre que a mí me gusta por lo acertado de su contenido: “Una nueva verdad científica no suele imponerse convenciendo a sus oponentes sino más bien porque sus oponentes desaparecen paulatinamente y (son sustituidos por) una nueva generación familiarizada desde el principio con la (nueva) verdad”. Otros han transmitido esta frase como “La verdad nunca triunfa, simplemente sus oponentes se van muriendo”.

El hecho sigue siendo que la verdad tiene una gran capacidad de supervivencia. Esto quizás porque tiene una forma efectiva de reproducirse, transmitiéndose rápidamente entre las personas hasta que acaba por hacerse común, y por común, se hace norma. Desde luego, esta interpretación requiere que partamos del principio de que los seres humanos sabemos reconocer las verdades y valorarlas. Es decir, necesariamente hay que abogar por una concepción de la humanidad cómo positiva. Por un ser humano intrínsecamente bueno y no por un ser humano intrínsecamente neutro o malo.

Qué las personas somos intrínsecamente buenas es algo que yo particularmente creo, y como pruebas ofrezco el progreso y el paulatino perfeccionamiento de la raza humana, lo cual parece ser un hecho. Nosotros somos la civilización más pacífica que ha existido. Si no lo creen miren los libros de historia. Es cierto que no somos pacíficos, pero nuestras formas actuales atestiguan una transformación paulatina hacia la paz. El progreso científico es otro buen ejemplo, es verdad que muchos han conducido experimentos poco éticos, pero si miramos el total de experimentos, es mayor la cantidad de ellos que tienen que ver con salvar y mejorar la calidad de vida que con destruirla. El ser humano progresa y el ser humano mejora, al menos háganse a la idea hipotéticamente para yo hacer mi punto.

La introducción anterior tiene poco que ver con el tema que traigo a colación. Los homosexuales en nuestra sociedad. Es un tema preocupante. Sobre todo en vista de los recientes ataques a individuos homosexuales perpetuados en un par de ciudades del país. Me parece que veo en estos ataques la influencia de discursos que se manejan desde algunas familias y líderes religiosos. No digo que esa sea toda la causa, pues me parece que principalmente hay un problema en la manera en que se razona el tema de la homosexualidad y no todos parecen concluir que no puede condenarse a una persona por algo que no escogió propiamente.

Algunas denominaciones llegaron a esta conclusión, aunque tarde, después de que varios de sus laicos llegaran a ella y cuando parte del mal ya estaba hecho. De todos modos, parece que muchos de sus seguidores no se han enterado de la pauta. Reafirmo lo del problema de razonamiento pues parece que se habla sin pensar y peor, se concluye sin reflexionar. Es un problema de razonamiento, porque me parece que la línea de pensamiento de quienes perpetuaron esos crímenes era como sigue: ser homosexual es una aberración despreciable. Quemar a una persona, en cambio, tiene total sentido. Que existan estos individuos prueba mi primer punto, el hombre es intrínsecamente bueno y estos casos son las excepciones forzosas.

Varias reivindicaciones sociales se me asemejan a la de la homosexualidad. Las de los negros en las tres Américas, la de las parejas interraciales en EEUU, la de las feministas en lo laboral, la de la ordenación de las mujeres en las religiones protestantes. Todos estos grupos han ganado espacios y logrado implantar leyes que les hagan justicia. No obstante sus luchan están aún vivas y la visión de paridad que proponían no ha terminado de establecerse. Todavía el sexismo y el racismo no han muerto. Pero es cierto que todos damos por hecho que la igualdad y fraternidad prevalecerán y la cosa es cuando.

De la historia, yo concluyo que también los homosexuales encontraran sus lugares dentro de nuestras sociedades. Creo que el proceso será para ellos especialmente lento, y quizás yo no llegue a ver como resuelven el complejo escenario que tienen ahora en frente y lo redecoran (válgameseme el chistesito estereotípico). Llegará un día en que los discursos del tipo: la homosexualidad es una enfermedad, una aberración o una amenaza para la paz, serán juzgados por nuestros nietos y casi puedo escucharlos etiquetar esas afirmaciones de irracionales mientras que concluyen que nosotros, sus antepasados de inicios del milenio: “éramos unos violentos”. Mientras piensan ser una sociedad mucho más pacífica y comprensiva.

Aunque tampoco ellos conseguirán la meta de la buena sociedad (la digna, la libre, la de mi cabeza), “si Dios quiere”, estarán más cerca, serán más racionales, mejor educados, más consientes del daño que la especie humana puede hacer a sus miembros más reprimidos y ellos sabrán prevenirlos mejor. ¿Cuáles serán entonces sus reivindicaciones? ¿Nos parecerán a nosotros descabelladas? ¿Quién falta en el mundo por reafirmar su derecho a estar vivo después de los homosexuales? Pero la cosa no es solo el qué. Repito, la cosa es el cuándo. ¿Cuándo se reafirmará el derecho de todos a vivir sin ser tachados de ser una amenaza a la paz, sin ser quemados por los radicales, sin prohibiciones de cumplir lo que a otros no les está negado?

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