Divagaciones dosmiltrecetísticas

El diseño de la naturaleza está regido por el concepto de lo circular. Esto quiere decir que la actividad y evolución de cualquier cuerpo u organismo complejo (desde animales hasta planetas) responde a un formato cíclico.

Los seres humanos funcionamos en base a ciclos (el de la vida, el ciclo menstrual, los ciclos escolares). Y en la cultura occidental, hay dos momentos que son especialmente significativos  como inicio de ciclos nuevos: los cumpleaños y el fin del año en el calendario gregoriano. Ya sabían por donde venía con todo este cuento. El artículo obligado sobre las perspectivas para el 2013.

Hasta donde llega mi conocimiento, han sido los judíos quienes se han destacado en esto de dotar de formalidad y espiritualidad el inicio y fin de año. Ellos celebran el Yamim Noraim, que tiene una duración de 10 días a los que se conoce como días de arrepentimiento. En internet se puede encontrar una red social llamada 10 questions que se activa durante el Yom Kippur (o fin de año judío, en septiembre) y que consiste en responder 10 preguntas sobre el año que ha pasado y sobre las expectativas de futuro. Cada año puedes revisar tus repuestas anteriores y monitorear tu progreso. Nada de olvidar que prometiste caminar 20 minutos diarios, rebajar 10 kilos o sacar 19 en matemáticas, los judíos van en serio.

Por lo general la idea del fin de un ciclo y el comienzo del otro viene dotada de un aire de renovación, concepto que es además universal y cotidiano. Desde niños, cada semana es un ciclo que termina con la recompensa del descanso dominical y la renovación del ánimo para enfrentarse a los retos educativos de los siguientes 5 días.

Distintas expresiones modernas marcan la comprensión por etapas del funcionamiento de nuestras vidas. Si acabamos una tarea a las 3:50 esperamos a que el reloj dé las 4:00 y así iniciar la siguiente -o quizás eso solo lo hacemos los vagos.

Damos importancia a cada pauta de cambio mediante ceremonias celebratorias tradicionales que marcan el inicio de lo nuevo: cumpleaños, matrimonio, ritos de iniciación. Incluso eventos que, lejos de ser tradicionales, pertenecen a la vida moderna, requieren alguna pauta con la cual admitir que se inicia una nueva etapa: salimos de copas si una amiga se divorcia o si obtenemos un nuevo puesto en el trabajo, no nos bañamos los domingos como último acto de rebeldía antes de sucumbir a la rutina autoimpuesta de los lunes.

Antes de continuar debo argumentar por qué los ciclos tienen efectivamente un aire renovador. Para ello es necesario contraponer la visión cíclica frente a la lineal.

Si se pudiese concebir un mundo absolutamente lineal, sería uno donde no existiesen las pausas y retornos; un universo atropellado con planetas y personas yendo siempre hacia adelante, con poca revisión del pasado, con inexistentes repeticiones.

La comprensión lineal del mundo solo permitiría regirnos por relaciones de una causa- un efecto (hago A y sucede B y luego C… hasta el final) sin prácticamente experimentación ni resultados contrapuestos.

Por el contrario un mundo sin linealidad sería como el Tlön, Uqbar, Orbis Tertius que imaginó Borges en su libro Ficciones. Tlön, Uqbar es un planeta que no se rige por relaciones de causa-consecuencia. Para sus habitantes  el hecho de que A provoque B, es incomprensible. Si dejan un billete sobre la mesa y el billete permanece ahí, que feliz coincidencia. Si ha desaparecido, sencillamente se debe a que dejaron de pensar en él. La idea de que alguien debió haberlo tomado no tiene en Tlön ningún sentido. No existe la linealidad. La idea es complicada, pero yo recomiendo el libro.

Es la combinación de linealidad -que permite la evolución- con la circularidad  -que permite la renovación- lo que da a nuestro universo la pauta para su funcionamiento. Vivimos en un mundo que funciona perfectamente, no porque las cosas vayan bien, sino porque responde a nuestras acciones a la vez que nos permite evaluar, retomar y modificar las consecuencias.

Mi humilde recomendación es que para el año 2013 tomen en cuenta estas pautas de funcionamiento y realicen una lista de deseos más elaborada. Incluyan objetivos, estrategias y monitoreo. No sé si rebajar 10 kilos en un año funcione. Es más práctico plantear perder dos, mediante un plan de ejercicios, para abril, monitorear el progreso y colocar una nueva meta a raíz de los resultados. Un trabajo mucho más continuado y exigente.

Debemos aprender a valernos de la habilidad más importante que nos dota la combinación de ciclos y líneas: la manipulación de los resultados. En un universo lineal solo tienes la causa y un único resultado, en uno circular tienes la ocurrencia de eventos en completo desorden. Nosotros podemos monitorear que nos funciona, combinar estrategias, evaluar y reevaluar. Hacer ensayo y error. Dividir los grandes ciclos en pequeñas etapas. Organizarnos y ser proactivos.

Por mi parte, en este año se cumplirá la mitad del período de construcción de mi tesis doctoral. Al llegar mayo me toca evaluar lo que he logrado, calcular cuánto me falta y montarme en unos patines o no acabo en los próximos dos años. Pero confío en que tanto la circularidad como la causalidad estarán de mi parte. Renovaré, evolucionaré, aprenderé y terminaré.

Yo lo intento y por ahí a mitad del año, les hago saber que tal me fue.

Ah, y por favor este año recuerda las formulitas: piensa antes de hablar; come, reza, ama; lee, comenta, comparte.

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