Earthrise y Earth Hour

Earthrise

Corría el año 1968… corría un año corriente. Y sin embargo a este año he querido dedicarle una entrada. 1968 fue declarado Año Internacional de los Derechos Humanos, fue bisiesto y, salvo por algún terremoto, el asesinato de Robert F. Kennedy, el inicio del régimen militar de Velazco Alvarado en Perú y algún otro evento del estilo, no fue un año de particular mala suerte.

Rafael Caldera ganó las elecciones presidenciales en Venezuela. En Tasmania se derogó la pena de muerte. Y aunque ya se había realizado una cirugía de trasplante de corazón, durante el primer y segundo mes de este año se realizaron exitosamente la segunda y tercera cirugía de este tipo, en Sudáfrica. El trasplante de corazón era un hecho. Y también el mundo empezaba a tener un corazón completamente nuevo.

1968 también fue el año en que se tomó la fotografía que ven al inicio del blog, se llama Earthrise y muestra a nuestro planeta flotante, calmado y como a la deriva. Es la primera fotografía de la Tierra y un hito en la toma de consciencia sobre quiénes somos y donde habitamos. El hombre había traspasado uno de sus enormes límites, el de su propia casa.

Sir Julian Huxley exclamó por esa época lo siguiente: “como resultado de millones de años de evolución, el universo se está haciendo consciente de sí mismo, capaz de entender algo sobre su pasado, sobre su historia y su posible futuro… esta autoconsciencia cósmica está sucediendo en una pequeña porción del universo- a unos pocos de nosotros, seres humanos”.

Me parece que como resultado de esta toma de conciencia surgió una nueva forma de temor al futuro. Tal parece que hasta el momento el temor al futuro era temor a la vida después de la muerte, a lo desconocido y a las acciones de hombres perversos. Ahora nos embarga el miedo de nuestras propias acciones y de cómo ellas van a afectar a la Tierra. Le tememos a la pobreza, a la superpoblación, a las armas nucleares y a la contaminación. No por el daño que puedan acarrearnos, sino por las consecuencias de estos males sobre nuestra casa, nuestro planeta.

Es un miedo, no sé si racional, pero sí científico. Tenemos evidencias de que estás cosas pueden suceder, y sucederán dadas ciertas acciones humanas. Al contrario del miedo a lo desconocido, este es un miedo que surge del conocimiento. Le pertenece sobre todo a las personas educadas, a los niños de escuela y a los buenos políticos. Hemos debido evolucionar mucho para ser capaces de miedos tales.

Es bien sabido que a menudo, la reacción primaria al miedo es la parálisis, pero este no es el caso de un temor tan consiente y sopesado como el nuestro. Como se demostró el sábado 23 de marzo a las 8:30 de la noche, la figuración de una consecuencia compartida conduce a la acción compartida.

La primera vez que se realizó el Earth Hour fue en el 2008 -40 años después de que se tomará nuestra primera foto. Y desde entonces, cada año a finales de marzo millones de personas alrededor del mundo apagan sus luces a la hora acordada en un esfuerzo conjunto por recordarnos a nosotros mismos que debemos utilizar la energía con moderación.

El Earth Hour es uno de los eventos anuales que yo espero con más emoción. Disfruto las grabaciones del apagado de las luces, apurarme para terminar a tiempo mi trabajo en la computadora y sobre todo, disfruto la hora de silencio, tranquilidad, oscuridad y divagación, que sin embargo, no es improductiva, es una hora en la que estamos mandando un mensaje. No a quienes no participan, diciéndoles: “Hey, ustedes, los de las luces, ¿no saben lo que es el cambio climático?”, no, no es eso, es un mensaje para los que sí participan: “ustedes, al otro lado del mundo, estamos juntos en esto”. Es una hora que nos regalamos a nosotros mismo, y los unos a los otros, a la vez que a algunos les gusta pensar que se la regalamos al planeta.

El ya mencionado Sir Huxley tenía la siguiente previsión para la sociedad de consumo: “algún día nadie trabajará más que dos días a la semana… el ser humano puede consumir solo una cantidad limitada de productos. Cuando hayamos logrado producir todo lo que el mundo necesita en dos días, cosa que sucederá inevitablemente… deberemos dirigir nuestra atención hacia en gran problema de qué hacer con todo ese tiempo libre”.

Pero el señor Huxley, me parece, estaba equivocado, no llegaremos a trabajar nunca solo dos días a la semana, pues, a medida que preveamos que la industria y la producción necesitan menos trabajadores, iremos incorporándonos a nuevos trabajos, más acordes a nuestras capacidades como seres creadores, como “evolucionadores”. No tendremos tiempo para no hacer nada, haremos cosas nuevas.

Ya empezamos a ver la creación de puestos totalmente nuevos. Se abren campos de estudio sobre todo en la ciencia y las humanidades, estos últimos muy ligados con aquello de conocernos a nosotros mismos (como la psicología, los estudios de Hispanoamérica o los estudios de género). Vamos dándole forma a una sociedad con un increíble acceso a la educación y la información.

Si lo hacemos bien, señores, probaremos que el Sir estaba equivocado. En el futuro no trabajaremos dos días a la semana, no trabajaremos nunca. No en el sentido de trabajo como tediosa ocupación. Podremos dedicarnos a crear como no lo hemos hecho antes. Y en este crear, lo primero serán soluciones para aquello que tanto tememos. Pero solo si lo hacemos bien. El mundo puede latir a otro ritmo ¿A qué ritmo latirá a 50 años de los primeros trasplantes de corazón?

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