Muy segura

Me paro en medio de la calle con mi celular en la mano, la cámara lista, camino hacia la esquina, doy vuelta a la cuadra y en el trayecto hablo con algunas personas. Podría estar describiendo una escena sobre cualquier chica, cualquier día en cualquier lugar del mundo.

Más tarde, mientras estiro mis dedos a las 8:40 de la noche, con una olla en una mano y una cuchara en la otra, analizo los eventos de un día que empezó “excesivamente normal” y culminó en cansancio.
A las 10:00a.m. recibí el mensaje de que el mundo vendría para mi cuadra. A la 1:00 de la tarde se escuchaban las frases de protesta y el himno nacional que se dirigían al Consejo Nacional Electoral (CNE). Mi favorita:

“no nos da la gana,
no nos da la gana,
de una dictadura,
como la cubana”.

A las 2:00 forcejábamos contra los militares para ganarnos el derecho de estar en la acera, ellos exigían que nos quedásemos dentro del edificio (nuestra propiedad privada)… vaya socialistas. Yo, celular en mano, leía los tweets que me informaban de lo que sucedía más allá de mi calle, todo traquilo.

Barquisimeto Frente al CNE

A las tres, corrimos a protegernos de las primeras balas y bombas lacrimógenas que anunciaban el cambio de lo pacífico a lo perturbador. A las cuatro vi la proclamación de Maduro. Subí a la azotea con mis vecinos y vi como la manifestación continuaba.

Manifestación desde la azotea

A las 6:00 hice un recorrido por la ciudad. Los cauchos quemados nos indicaban que debíamos cambiar de camino; las gorras tricolores, que teníamos aliados. Los militares, que necesitaremos buenos mediadores. Desde mi ventana seguía viéndose a la autoridad que evitaba el paso de los manifestantes, y se escuchaban perdigones, bombas lacrimógenas y otras armas que competían con las piedras y los cauchos de los estudiantes.

Militares frente al CNE, Barquisimeto

La pobreza ha aumentado, haciéndole la competencia a la inseguridad. Mientras que virtualmente todos los países de la región van progresando, nuestra universidad pública carece de recursos monetarios necesarios para impulsar el talento humano que no le falta. Y los riquitos que nos gobiernan no saben cuánto cuesta un paquete de arroz… importado, porque aquí no se produce.

Al volver a mi casa, esperé que iniciara el cacerolazo; como dicen los british: history in the making. Recordé los eventos del día. Calle y celular en mano. Efectivamente fue un día fuera de lo normal, porque al verme allí, tomando fotos de los protestantes, pensé que ningún otro día me hubiese atrevido a sacar el celular en esa calle, donde me han “atracado” dos veces…

Celulares en la manifestación

Mientras que el gobierno dice que el país marcha muy bien… Hoy los venezolanos, por primera vez en muchos años, nos sentimos seguros… de algo.

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Un pensamiento en “Muy segura

  1. Seré breve, orgulloso de tu valor.
    Cuando te enfrentas al miedo, eres realmente libre al final solo eso importa.

    Corrección del anterior

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