“La cura para el aburrimiento es la curiosidad. No hay cura para la curiosidad” y otras citas interesantes

A Dorothy Parker le encantaba enumerar cosas. En uno de sus poemas habla sobre las maneras que existen de suicidarse: con una hojilla, con un mecate, en un río, con ácido, con drogas, con armas, con gas… termina concluyendo que todas estas opciones causan algún tipo de malestar y que por tanto, a falta de una buena forma de quitarse la vida…  mejor es seguir viviendo. Dorothy sabía de este tema, intentó el suicido al menos dos veces. A los 20 años ella había perdido a toda su familia. Tuvo tres matrimonios -con dos hombres diferentes- y terminó siendo dependiente del alcohol.

La primera vez que vi una fotografía de Dorothy, después de haber leído sus cuentos, lo primero que pensé es que ella era el rostro de la verdad: fea, melancólica, triste y soberbia, con ganas de escapar del mundo. La primera vez que la leí, yo vivía en un pueblo pequeño, en el que solo había dos diversiones: la biblioteca y los bares. El libro que saqué en esa oportunidad se llamaba ‘una dama neoyorkina’ y uno de mis cuentos favoritos era sobre el monólogo interior de una chica que esperaba la llamada telefónica de un hombre con el que tuvo una cita.

Dorothy Parker

Dorothy Parker

Dorothy criticaba a las mujeres superficiales, a lo negros que querían ser blancos, a los judíos que intentaban no parecer judíos, hablaba con ironía de la gente rica, ayudó a formar la liga anti-nazi de Hollywood y fue sospechosa de pertenecer al partido comunista. La frase del título es una de las citas que se le atribuyen.

Creo que a Dorothy le preocupaba bastante el tema de la curiosidad. En uno de sus poemas más famosos, llamado ‘inventario’ nombra al amor, la curiosidad, las pecas y las dudas como las cuatros cosas sin las cuales ella hubiese estado mucho mejor.

Sobre la curiosidad Víctor Hugo decía que era una de las formas de valentía femenina y Erich Fromm explica en un ensayo sobre la soledad, que el pecado de Eva fue precisamente la ambición del saber y que el mito del génesis debe ser leído entendiendo al fruto prohibido como metáfora del conocimiento.

Para Fromm, Eva lejos de condenar a la raza humana, la liberó por medio del conocimiento… y luego el saber fue criminalizado. Incluso hoy mantenemos esa criminalización. El tabú precisamente es el estatus que se le concede algún tema que se quiere mantener lejos del escrutinio y el debate.

En uno de sus monólogos el comediante y politólogo venezolano Laureano Márquez caracteriza a la situación actual del país como interesante, y dice que en países como Finlandia es lógico que haya muchos suicidios pero “aquí no hay ni un solo suicidado, porque, vamos a estar claros, nadie quiere perderse el final de esta vaina”.

Antes de que saliera la última película de Harry Potter, una postal anónima enviada a la página de postsecret se leía: lo único que me ha mantenido alejada del suicidio era saber cómo sería esa última película, me asusta pensar que sucederá cuando ya no tenga nada que esperar. La curiosidad no es solo la cura del aburrimiento, en ocasiones previene el suicidio. Y me aventuro a pensar si sería por eso que a Dorothy le atraía tanto.

Si bien puede ser cierto que la curiosidad no se puede curar, sí que se puede aplacar y nuestro sistema educativo, desde el preescolar al doctorado, es acusado de ser el mejor tratamiento.

En algunos blogs sobre tesis doctorales, los tesistas sugieren que la forma en que se conduce la investigación y el estado actual de la academia van matando la curiosidad y que al final a los doctorandos solo les queda como motivación las ganas de que sus nombres sean precedidos por dos pinches letras –Dr.- que se supone, les darán prestigio. Alternative PhD titula unos de sus posts: demasiado tarde para renunciar (demasiado patético para terminar) y selloutyoursoul dice que una de las frases más populares por las que la gente entra a su blog es “PhD en inglés inútil destruyó mi vida”.

El niño más cool del mundo, Logan LaPlante, habla de como hackeó su escolaridad, alejándose de la escuela para hacerse cargo de una educación que, además de los temas regulares de física e historia, incluye pasantías en tiendas ropa, esquí y clases de supervivencia. A sus trece años afirma que este nuevo método es “una revolución pequeña pero creciente”, y el objetivo es ser feliz.

Logan LaPlante

Logan LaPlante

En internet hay un proyecto llamado ‘la educación prohibida’ en el que sus creadores denuncian que la escuela se ha convertido en un aparcadero de niños que no aprenden porque quieren sino porque tienen que. Y sin embargo, ¿cuál es la necesidad de esto? Por qué tenemos que hacer del aprendizaje una obligación, si de hecho ¿Quién ha visto a un niño que no quiera aprender?

Parece que la formalización del aprendizaje va matando la curiosidad y las escuelas pujan por el retorno de la creatividad en un intento por hacer a la educación una cosa divertida. No hay caso, los niños están aburridos.

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Cuando Dorothy dijo que ella hubiese estado mejor sin la curiosidad y sin las dudas, creo que a lo que se refería es a que hubiese estado más cómoda. Y es que su vida no fue fácil. La pobreza fue una de sus leales acompañantes, junto con el alcohol y el talento para escribir. En una oportunidad dijo que aunque el dinero no compraba la felicidad, ella se conformaría con una silla de ruedas de diamantes. Tanto desagradaba a  Dorothy el trabajo, que decía “odio escribir, amo haber escrito”. Como tantos, Dorothy añoraba la comodidad; pero obtuvo lo contrario.

Es cierto que las dudas son un peso doloroso, no obstante, resultan fundamentales. Pensar que podríamos equivocarnos es nuestra mejor arma de diálogo y nuestras dudas nos hacen menos peligrosos. Piensen en los nazis, lo  más peligroso de ellos era lo absolutamente seguros que estaban de sus premisas. La sensación de certeza fácilmente acalla la necesidad de razón, y esa es la fórmula infalible del desastre.

Además, la educación es un proceso fundamental y necesariamente, dialógico; si solo una de las partes puede equivocarse y la otra en cambio tiene, por defecto, la razón, es lógico que el proceso resulte tedioso. La escuela solo puede resultar divertida cuando hay algo que descubrir mas allá de la lección que preparó un maestro.

El problema es que tenemos un sistema que en vez de alimentar las dudas, se encarga de proveer certezas y de preparar a los niños para la vida acomodada. La simplicidad y la comodidad son perfectamente coherentes con las sociedades consumistas, pero son la duda y la curiosidad las que resultan pertinentes en la sociedad del conocimiento.

Yo creo que eso fue lo que nos pasó. Nuestras sociedades creyeron que ya tenían bastantes certezas, que si algo nos faltaba por descubrir, se descubriría como producto del curso obvio que seguirían nuestras ya institucionalizadas ciencias. Teníamos todos los métodos, los recursos y el conocimiento. La vida intelectual podía convertirse en un negocio de producción más, como producir carros, como producir juguetes… como producir gente educada.

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Dorothy abandonó la educación a los 13 años, ¿y saben qué? No por eso se convirtió en una fracasada. Solo acabó siendo una persona llena de dudas.

La razón por la que me encantó Dorothy Parker desde la primera vez que la leí, es porque era muy sencillo saber quién ella era; podía verse a través de su historia, en sus escritos e incluso en su fotografía. Era auténtica.

Veo mucha gente a la que es casi imposible descubrir detrás de todas las fachadas que les han sido impuestas o de las que han aceptado con todo gusto; Planos,  superficiales, predecibles y de miras cortas, esos hombres y mujeres son el producto de años de repetición y muy poco cuestionamiento.

Voy cada día a escuelas y veo niños que podrían estar a tiempo, pero no, ya está decretado que el sistema educativo les responderá las preguntas sobre quiénes son y cómo son las cosas. Las responderá antes de que ellos mismos se las hayan preguntado, y es en eso que consiste el tratamiento contra la curiosidad.

Sócrates decía que “una vida sin examinar no vale la pena vivirla”. Yo esto lo aprendí en mi colegio, de una profesora que si no me dejó nada más, me enseñó la práctica de cuestionarlo todo y la importancia que esa práctica tiene para poder saber quién eres. A esa profesora, que sé que me lee, le dedico este post.

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El día que Google me llevó a conocer la modernidad

(post invitado escrito por Ernesto Yepez)

Durante una entrevista dada por Gabriel García Márquez a la Radio Cultural de Caracas , el Premio Nobel describió el origen de la primera frase del libro 100 Años de Soledad. Un comienzo cautivador a una historia muy interesante, escuchar esta radiodifusión genero dos efectos en mi, el primero fue el que me llevo a la obra maestra del colombiano  y admito que esta obra me gusto pues me permitió conectarme con mi abuelo a quien conocí poco menos que a mi padre. El segundo efecto fue que comprendí que para dar a entender una idea a veces ayuda acompañarla de una historia.

​​ Mi abuelo paterno en pocas y gentiles palabras era un hombre de su generación(uno no debe hablar mal de los muertos). Nacido a principios de siglo 20 en el Tocuyo, Venezuela nunca fue para mí más que un pintoresco y folclórico señor con su sombrero, pantalones de caqui y bastón de madera, profundamente lleno de defectos del que solo escuche historias de segunda mano, solo tengo de el pocos recuerdos de niño.

De estas historias nunca dichas, puede saber de su machismo , predilección por el alcohol y la violencia que generalmente los acompaña , hoy puedo inferir que maltrataba a mi abuela( madre de sus 5 hijos), Esto ocurrió por supuesto hasta el día que mi padre fue lo suficientemente mayor para hacer algo, asumir el rol de sostén de familia, trabajar desde la adolescencia más temprana, sacrificando sus estudios para ayudar a sus hermanos, hasta el sol de hoy ninguna de las partes involucradas reconoció la palabra maltrato .A mi padre en cambio lo conocí más que a mi abuelo, sin embargo siento aun que fue poco, lo vi todo solo con los ojos de niño, y al igual como mi visión sobre mi madre cambio al hacerme adulto sé con el habría pasado lo mismo de haberlo conocido un poco más pero de algo estoy seguro, mi padre era incapaz de ser físicamente violento conmigo o con mi madre y era un esfuerzo consciente de su parte, un intento de ser mejor que lo anterior, de no repetir esos errores, se empeño en que yo estudiara y se enorgullecía del precoz interés en la lectura e historia que mi hermano y yo mostramos, me enseño muchas cosas y le faltaron otras tantas pero entiendo hoy que con su ejemplo me dijo: deben ser mejor que yo…

El otro día una chica muy agradable, ¡una buena muchacha!, con la cual no existió necesidad de pedir el número, aunque le hable más de 10 segundos , me hizo una pregunta de esas profundas , quizás fue la situación o la cerveza pero me dejo desconcertado y no pude responderla en ese instante, no a la extensión del discurso ya preparado por mí para tales e inesperadas situaciones. He aquí mi respuesta pensada y no dicha “Tratar de cambiar el mundo, para mejor (Léase con voz y música dramática)”

Quizás es difícil de entender esto de cambiar el mundo, dirás probablemente no es posible, cada quien tiene sus motivos, en mi historia comento solo algunos de los míos. Los cambios se logran tanto por la obra excepcional de hombres geniales como la suma de las pequeñas obras de hombres ordinarios. La motivación que da no poder cerrar los ojos a un mundo que sufre y el deseo de querer ser mejor cada vez, como ciudadanos, de cambiar, es una fuerza poderosa. Lo admito, soy un idealista y en este mundo no hay espacio para nosotros. Sin embargo no dejaré de serlo, mi propia naturaleza no me permite dejarlo, aún siendo consciente de lo imposible de la lucha, sufriré las grandes derrotas y saborearemos las pequeñas victorias(por favor reproducir música al gusto).

La autora de Urbe18 me reto a escribir este siendo generoso con la palabra, artículo, Yo para evitar anquilosarme en mis maneras lo hice, del pasado aprendemos, el presente lo vivimos, pero el futuro no esta hecho y eso es una atemorizante y obvia revelación.

Una detallada revisión de este “artículo” dejara ver como se entrelaza lo que quiero decir con lo ya se ha dicho en Urbe18, porque allí (aquí) se habla desde un espacio muy honesto y personal que ha cautivado mi alma idealista, es un espacio donde se pueden hacer esas pequeñas cosas para cambiar el mundo, para ser mejor y creo todos debemos subirnos en este propósito.

Epílogo

El mundo ya cambio, me gritan desde el ciberespacio se actualizó a la versión 2.0, ahora tenemos ayuda en esto de nadar contra corriente, esta twitter, Facebook, la educación en línea ,el Internet como una biblioteca de conocimiento siempre creciente, nosotros los soñadores ilusos no podemos esperar a ver la versión 3.0, mas justicia, mas igualdad pero hasta que llegue seguiremos encontrando en Urbe18 una voz suave pero firme que promueve  el cambio,que trabajaa por ese terrible ideal de un mundo mejor.

Ese momento en la vida

Rodando por el facebook anda una frase super cliché, pseudoreflexiva, sobre qué le dirías sobre tu vida a la niña que fuiste y si ella estaría contenta ¿Cómo puede la gente ser tan cursi? Si eres como yo, cuando lees una frase así, lo primero que haces es morir del asco. Pero pasada esa sensación de aversión, tengo que admitir que no pude evitar pensar en cuál sería la respuesta.

Otra de las frases de Internet que odio es la de que “todos tenemos un momento que nos cambia la vida”. Pues esta es la historia de ese momento y de lo que le diría a una mi misma más joven.

Primero explicaré que cuando yo era una niña, pertenecía a la orquesta infantil de mi ciudad y había decidido dejarla tan pronto iniciara el bachillerato. Como la decisión estaba tomada, a menudo me escapa de las clases de solfeo y me iba a un punto ciego del conservatorio, a pensar y disfrutar la música de fondo. A mí por esa época todavía no me gustaba leer, pero imaginaba historias, lo que a esa edad se me daba bastante bien.

Cuando eres niño hay dos tipos de vida con los que puedes soñar, una es una vida interesante y la otra, una vida prometedora.

Yo llamo ‘vida prometedora’ a ese tipo de existencia destinada desde la juventud a lograr una posición acomodada, una carrera estable, el sueño americano o el sueño de los solteros empedernidos, sin preocupaciones económicas, ni laborales, con un físico aceptable, un convertible rojo y viajes en primera clase.

Para ejemplificarlo, piensen en Dudamel, a sus 14 años nos dirigía en la orquesta infantil y ya escuchábamos hablar de él como el gran maestro en el que, ciertamente, se convirtió. No sé si su vida estuvo llena de dificultades, de momentos emotivos o de desengaños amorosos. No sé si leería su autobiografía o vería una película sobre su vida. Sé que es un gran director, sé que tenía yo solo 10 años y eso ya se sabía.

Una vida interesante, está claro que es aquella digna de ser contada,  de inspirar un best-seller o una película de Hollywood, aquella que entretiene al espectador/lector/escucha/nieto.

Yo de niña, era ambiciosa, quería una vida que fuese ambas cosas. Quería saber tantos datos como pudiese retener el cerebro humano, un amigo que fuese asesor de imagen, una casa con piscina, una hija y mi propio talk show. Quería ganarme un Nobel, un Pulitzer o algo aún más prestigioso. Si me casaba, tenía que ser con el equivalente de Leonardo Dicaprio, pero que fuese presidente o senador… o astronauta.

Si ahora me pusiesen frente a mi misma de 10 años, la historia que le contaría comenzaría en el 2009. Le diría que hasta ahí, todo iba como planeado.

En julio del 2009 viví durante un mes frente a una señora Afgana.  Una noche que me quedé a dormir en su casa, me contó cómo era la vida en Kabul. Yo, que leía los portales norteamericanos de noticias, tenía mis propias ideas sobre ese lugar.

Aquella vecina me enseñó dos de las lecciones más importantes de mi vida: la primera es que una vida interesante te puede suceder, en el sentido de que puedes acabar viviendo en Kabul, en  el Congo o en la montaña donde se rodó la película de Heidi; pero una vida interesante no es nada, si tú no haces de ti misma una persona interesante.

Mi vecina afgana era médico y trabajaba para el ministerio de salud de aquel país. Vaya historias que tenía. Pero me decía que más que historias, lo que tenía era suerte. La vida de la mayoría de la gente en Kabul estaba tan sumida en la cotidianidad como podría estarlo si viviesen en Corea del Norte o en Finlandia. Aún si el ojo extranjero fácilmente juzgase a aquel lugar diferente por algunas de las costumbres y normas de la sociedad afgana.

La segunda lección, es que a los seres humanos se nos da muy mal juzgar. Los juicios culturales, por ejemplo, suelen hacerse irrespetando el raciocinio y la lógica.

Es común escuchar a las mujeres decir que si nosotras nos ponemos hiyab cuando vamos a los países árabes, las musulmanas deberían quitárselos cuando vienen a nuestros países. En Venezuela, esa línea de pensamiento me molesta, porque ninguna de quienes argumentan eso está dispuesta a quitarse la camisa si va al Amazonas.

Quienes afirman que los árabes son unos violentos están orgullosos de las cruzadas o le gritan improperios a quién se les atraviesa en la luz verde, los que critican la posición subordinada de la mujer allí, no se quejan de que aquí, el apellido que cuente para los niños sea el de padre y los que se jactan diciendo que las mujeres deberían poder vestir igual que los hombres, enloquecerían si un chico sale con falda.

Yo no digo que pensar así sea errado, solo digo que por cada cosa que quisiéramos cambiar en las culturas foráneas hay algo en nuestra propia cultura, que deberíamos examinar con atención.

De mi vecina aprendí que da igual si estás en Venezuela, Jordania o Portugal, no es dónde estás sino como decides estar. Para ella, las oportunidades para hacer algo grande no se encontraban en mayor medida en Kabul que en Toronto, ni más en la clase baja que en la clase media. A ese razonamiento le encontraba poco sentido.

Cuando yo tenía diez años, hubiese tildado a estas lecciones de poco importantes. Las preocupaciones sobre el status quo y las luchas sociales y culturales no llegaban ni siquiera a parecerme poéticas.

A medida que fui creciendo, perdí mi talento para inventar historias, pero la lección de ese día con la afgana, abrió ante mí un mundo completamente diferente; me convirtió en una persona con historias, no mis historias, sino las historias de la gente a quién yo ahora entendía. Cuando perdí mi talento para inventar cuentos, descubrí que el mundo circundante estaba full de ellos. Lo único que había que hacer era sentarse a escuchar, y esta vez, no era la música clásica de fondo.

Actualmente voy una vez por semana a un barrio bastante pobre. Allí mis prioridades han sufrido de nuevo transformación y las lecciones han sido igual de importantes. Afortunadamente ya me voy acostumbrando a estos sacudones de la realidad.

Aquellas cosas que deseaba de niña dejaron de parecer importantes en el 2009 y ahora se han convertido en insignificantes. Al final, yo no obtuve la casa con piscina, ni asesorías de imagen gratis y cuando volví a ver Titanic concluí que no era tan buena, ni Leonardo tan guapo.

Pero las cosas no se me dieron tan mal. Hoy puedo alardearle a esa niña de 10 años de haber visitado 4 de los 7 continentes y de tener amigos en 6.

puedo decir con orgullo que pertenezco al selecto grupo de personas hispanas que sí se leyeron el Quijote, las dos partes del Quijote. Puedo decirlo en tres idiomas, y si me das suficiente vino, también hablo en francés. No tengo un amigo asesor de imagen, pero tengo un amigo gurú y cuando me da gripe me pone unas plantas del amazonas en la nariz que me dejan como nueva; nunca probé las drogas; aprendí a dibujar y manejo… mal, pero manejo.

Finalmente comprendí a Chávez, y no, no lo apoyo, pero ahora lo comprendo. Me siento más latinoamericana que antes y me uní a un partido político; en mi trabajo no me pagan suficiente, pero al menos me dejan en paz los fines de semana; me aprendí los poemas de Nazoa y aún no leí rayuela, pero al menos no me volví adicta al porno ni tuve 5 hijos.

He puesto la torta un millón de veces y la vida se me derrumba más o menos cada dos años… y cambian mis prioridades. Quizás tenga que reprocharme por no haber logrado las cosas tan interesantes que yo esperaba de niña. Pero es que de pequeña yo no sabía que entre las grandes élites de poder y fama ya todo estaba hecho y que era en los pequeños lugares donde faltaba mucho por construir. Pero no debo extenderme mucho sobre este punto. No pueden pasar más de dos años, sin que se vuelvan a transformarse mis ideas y mis prioridades.

Y si esa niña de diez años no está orgullosa de mí, que se consuele con un pata-pata y un álbum de los Backstreet Boys. Esta noche yo si estoy orgullosa y esa no es una sensación de la que la voy a dejar privarme.

Escena de la película 'Mi encuentro conmigo'

Escena de la película ‘Mi encuentro conmigo’