New York, El sueño

Mi generación, la de los niños de los noventa, la generación Y de la sociología (no a la que se refiriere Yoani Sánchez) o la que los gringos denominan Milenials, se divide, al menos de donde yo vengo, en dos tipos de integrantes. El primero, apenas tiene rasgos que los diferencien de la generación X, la anterior, salvo en el uso del twitter y el correo electrónico, en lugar de la prensa impresa y las cartas escritas a mano; sus diferencias son más cosméticas, pues aunque estén usando una tablet en lugar de un cuaderno, los usan exclusivamente de la misma forma y con el mismo fin. Los integrantes del este primer grupo son familiares, trabajadores, buenos cocineros.

El segundo grupo es la víctima directa del proceso de transculturización término del que se abusó al principio del siglo, y que de ser un lugar común tan concurrido, quedó desgastado hasta la inutilidad. El integrante de esta categoría es consumista de cultura pop y crítico de la cultura del consumo. Una especie de Rosa Luxemburgo fanática de Mickey Mouse. Este grupo habla inglés y recita las frases de NPH en HIMYM.  Celebran el festivus y la saturnalia como alternativas legítimas a la navidad. Leen mucho o al menos dicen que lo hacen. Van al teatro o siguen deportes elitistas como el Tenis o el Lacrosse. Crean sentido de pertenencia con compañías grandes a las que no pertenecen como Disney, Apple, McDonalds, Starbucks o Whole Foods. Pero sobre todo, este grupo creció en la época de los maratones sabatinos de FRIENDS, de la que pueden recitar capítulos enteros y fueron semieducado por la televisión, en aquel momento complejo de la historia contemporánea en que se creía que Sex and the City reflejaba el ideal feminista, por lo que pueden explicar la compleja relación entre Carrie y el Señor Big, adoptando una postura y lenguaje tan académicos que es más propio de una conversación sobre la Teoría de Cuerdas.

Por esa razón, un porcentaje no desdeñable de este maravilloso grupo de jóvenes de miras amplias y grandes aspiraciones culturales (no lo digo sarcásticamente, aunque lo parezca) tiene como ideal la vida neoyorkina. Nueva York se presenta como el símbolo de la libertad y la juventud ricas en posibilidades; porque se puede ser joven y libre y carecer de variedad de caminos. Ser soltero en Nueva York es la cúspide del éxito que no obstante solo puede ser alcanzado por un momento y de forma temprana en la vida, antes de que  quién exhibe este logro se convierta en un personaje viejo, solo y sin hacienda. Es decir, es una idea efímera de éxito, que no obstante, permite a quienes la tienen, darse cuenta pronto de que no la han alcanzado y moverse hacia otras aspiraciones.

Mi hermana (@orteg) y yo frente al Madison Square Garden

Quizás sea por eso que ahora se sufre la crisis del cuarto de vida, cuando la generación X solo conoció la crisis de la mediana edad. Porque ambas crisis tienen en su génesis la realización de que no se alcanzaron los sueños de la juventud.

Pero lo realmente triste de esta realidad, es que aquel sueño neoyorkino es un imposible, puesto que sus elementos constituyentes son incoherentes entre sí. Basta una búsqueda rápida para notar sobre todo dos cosas: El apartamento que era eje central de la vida neoyorkina de las series televisivas, no existe en ninguna parte; una búsqueda rápida de las páginas de Real State de New York muestran que el apartamento tipo Carrie Bradshaw está alrededor de los 3000 dólares al mes y el de Monica Geller solamente puede existir en Atlanta u Orlando.

No solamente eso, un paseo por los blogs de quienes han logrando hacerse con esta vida, demuestra que Seinfeld olvidó mencionar en sus monólogos dos elementos muy reales: los roomates, sin los cuales es casi imposible rentar un apartamento y las ratas y  las cucacharas, solo mencionadas en HIMYM cuando Ted explica que todo verdadero Neoyorkino ha matado alguna vez uno de estos insectos con la mano.

El cucaracha-ratón que hizo su aparición en How I met your mother.

El otro elemento principal del sueño dorado de los Millenials es el trabajo glamuroso, que tampoco existe. Los escritores, músicos, publicistas y expertos en PR trabajan freelance y no tienen ningún tipo de seguridad económica, ni seguro hospitalario. Los puestos de bailarines, profesores universitarios, actores y empresarios son escasos y si los querías debías haberlos obtenido a los catorce años, cuando no tenías tanta competencia. Luego quedan los trabajos normales en las tiendas, escuelas y restaurantes, para los cuales no hace falta estar en Nueva York.

Por último, está el tercer elemento que completa la triada de la vida perfecta. Y esta es la realidad más triste de todas, no tienen tanto sexo. Si algo tuvo que habernos quedado de las sitcoms, era que aquella era la vida del flirteo, de los one night stands, de las relaciones in-again-off-again y de las booty calls. Toda terminología en inglés, porque es un lenguaje creado exclusivamente para esta vida. Pero si el apartamento de Monica Geller no existía, tampoco parece existir la vida sexual de Samantha Jones.

Samantha Jones

Anuncios

8 pensamientos en “New York, El sueño

  1. NJ esta es para felicitarte por este articulo y otros que te he leido , escribes muy bien y con mucha agudeza , me asombra que siendo tan joven puedas penetrar en resquicios tan hondos de la vida de nuestros dias. Estas lineas son pues de aliento y agradecimiento , no se cuantos lectores tienes , se que mereces tener muchos , y todos debemos estarte agradecidos de que le dediques tiempo a escribir . saludos desde un mundo mental muy lejano pero que sabe apreciar tus cualidades de autora .!!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s