Adiós a García Márquez

Cortázar admitió en una entrevista que él era un místico. Así, por una confluencia planetaria explicaba él ese momento en la historia que le tocó compartir con tantos talentos y por lo que en el mundo se le llama a ese espacio de tiempo “el boom latinoamericano”.

Hoy toca leer un poquito menos de Ilíada y un poquito más de la tía Tula y de Mamá Grande, por aquello que decía Martí de construir nuestras propias Grecias y no andárselas pidiendo prestadas a los otros continentes; por aquello de leernos para conocernos.

A Nuestra América se le ha apagado tantito el boom, pero siguen siendo satisfactorios el último ensayo de Vargas Llosa y las frases salteadas de Elena Poniatowska a la hora de dormir, como era releer cada año Cien Años de Soledad mientras todavía vivía el Gabo.

Y ahora, como bien ya hicieron los griegos por Homero y Hesíodo y los británicos por Shakespeare, nos toca seguir leyendo. Mueren los escritores sólo cuando nunca salen de los estantes de nuestras bibliotecas.